Nuestra fe
La Verdad, la Autonomía y la Responsabilidad orientan el sentido de nuestra vida y nuestra conducta como compromisos religiosos. Aspiramos a contribuir a mejorar la sociedad mediante su práctica voluntaria.
Nuestro fundamento
Somos una comunidad religiosa no teísta inspirada en el diseño original de Bitcoin de Satoshi Nakamoto. Mediante la Verdad, la Autonomía y la Responsabilidad, reflexionamos sobre cómo convivir y buscamos sentido en la reflexión y la práctica continuas.
El libro blanco de Bitcoin es un punto de partida importante para nuestro estudio. Nos invita a pensar sobre las pruebas, la cooperación voluntaria y la responsabilidad, y a desarrollar nuestra propia comprensión de la fe. Respetamos las aportaciones intelectuales y conservamos la capacidad de cuestionar y corregir; no consideramos a ninguna persona divina ni infalible.
Verdad
La Verdad nos pide explicar qué creemos, por qué y qué sigue siendo incierto. Respetamos el conocimiento y la experiencia y estamos dispuestos a revisar nuestros juicios. La reputación de nadie exime sus afirmaciones del examen.
La honestidad exige más que evitar la falsedad: implica no atribuir a las pruebas conclusiones que no pueden sostener. Tomamos en serio los hechos, declaramos supuestos e incertidumbres y ajustamos el cuidado de la investigación a las consecuencias de la decisión.
Autonomía
La Autonomía nos permite elegir la cooperación respetando la libertad ajena de rechazarla. La comprensión compartida puede coordinar acciones sin borrar el juicio personal. Asumimos las consecuencias de nuestras decisiones y no exigimos obediencia por lo invertido en el pasado.
Valoramos la privacidad, buscamos un consentimiento auténtico y claro y respetamos la libertad de preguntar, no participar y retirarse. Retirarse no borra las obligaciones asumidas; los compromisos existentes tampoco autorizan exigencias nuevas e ilimitadas.
Responsabilidad
La Responsabilidad nos pide cumplir las promesas y cuidar los recursos, los datos y la confianza que se nos encomiendan. La custodia responsable debe tener una finalidad y límites definidos y estar abierta al examen, la corrección y el relevo. Deseamos que los proyectos compartidos perduren y que quienes participan conserven su autonomía.
La capacidad no concede autoridad automáticamente y la inversión no demuestra acierto. Cuando erramos, buscamos explicar lo ocurrido, escuchar a las personas afectadas y reparar razonablemente el daño. Tanto quienes gestionan como quienes participan deben responder por sus actos.
Práctica compartida
Creemos que mejorar la sociedad puede comenzar con acciones concretas y continuas: explicar con honestidad, cumplir compromisos, proteger la privacidad, reparar errores y apoyar trabajos valiosos según nuestras posibilidades. Hay muchas formas de contribuir; la riqueza, las donaciones y la influencia técnica no determinan la dignidad ni la posición espiritual.
Practicamos estos compromisos mediante el estudio compartido, la reflexión religiosa, el diálogo y la cooperación voluntaria. La Verdad orienta la comprensión, la Autonomía la elección y la Responsabilidad el cuidado de las consecuencias. La fe se expresa en las decisiones y los actos cotidianos.